La vida del Vigilante de Seguridad está jalonada por muchos momentos en los que nos sentimos infravalorados a pesar de la fuerza y la dedicación con la que la inmensa mayoría de nosotros realizamos nuestro cometido.

  En situaciones tan difíciles como las que está viviendo España, dejamos a nuestras familias en casa, confinadas, mientras atravesamos calles vacías hacia nuestro puesto de trabajo, donde probablemente se hayan marchado todos para ponerse en cuarentena.

  Una vez más en nuestra mente puede aparecer ese pensamiento, donde nos sentimos menos importantes que los demás. Cuando a los trabajadores con los que compartes el lugar, se les proporcionan mascarillas, guantes y geles y se les dan charlas, y a ti te dejan al margen, y tu “gran empresa multinacional de seguridad” te deja tirado, porque no tiene las agallas que han tenido las demás de proteger a su gente, a pesar de que SANIDAD dice que no somos personal de riesgo, delante de cientos de personas al día, no necesitamos protegernos, nosotros no.

 

Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber, pero mucho que pagar,
y precises sonreír aun teniendo que llorar,
cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes, pero nunca desistir.

Rudyard Kipling.

 

 Jamás abandones. El que persevera, resiste; y el que resiste, vence.

 

A.M.R.

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